ANIMALS: I LIKE ELEPHANTS SONG
Escrito por Miguel Ángel Robledo Ortega, viernes 6 de febrero de 2009 , 23:44 hs , en INGLES

 



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  • Extintores el martes 23 de junio de 2020, 19:23 hs

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  • Diana J. el lunes 4 de agosto de 2025, 23:15 hs

    ¿Dónde colocar el extintor en un coche? La guía definitiva

    Porque cuando el fuego aprieta, no hay GPS que te salve

    Hay errores que uno comete en la vida y se perdonan. Olvidarse el paraguas en casa cuando amenaza tormenta, dejar el pan en el horno cinco minutos de más o poner gasolina sin mirar que era gasóleo. Peccata minuta. Pero hay otros errores que no admiten indulgencia, que no tienen plan B ni margen de improvisación. Y uno de ellos, amigos míos, es no llevar un extintor en el coche. O peor aún: llevarlo, pero colocado como si fuera una botella de agua olvidada tras un picnic.

    El extintor en el coche no es un adorno ni un lujo, es el cinturón de seguridad contra lo inesperado. Porque un fuego no te pide permiso ni te da tregua. Cuando asoma, devora. Y ahí, el segundo cuenta más que la matrícula del vehículo.

    ¿Dónde colocar el extintor en un vehículo? El detalle que puede salvarte la vida

    Porque sí, llevarlo está bien. Pero saber donde colocar el extintor en un vehículo es lo que marca la diferencia entre una anécdota con susto y un drama con peritos. El extintor tiene que estar al alcance, no enterrado entre la rueda de repuesto y una manta vieja del perro. Tiene que ser visible, accesible, firme. No queremos que vaya dando saltos por el maletero como si estuviera en una rave automovilística.

    ¿Dónde, entonces? Pues mire usted, lo más sensato y eficaz es colocarlo bajo el asiento del conductor o del copiloto. Fijado, sin holguras. Nada de improvisaciones con bridas de supermercado o cinta americana. Hablamos de un soporte homologado, serio, digno de confianza. Porque cuando llegue el momento —que ojalá nunca llegue—, no tendrá usted tiempo de andar con florituras. Tendrá cinco segundos para actuar. O para rezar.

    Los mejores sitios para colocar el extintor: el ranking de la lógica

    1. Bajo el asiento delantero

    Aquí no hay discusión. Bajo el asiento, bien anclado, y listo para usar. Se accede con un gesto, sin quitarse el cinturón, sin rebuscar. Solo extiende la mano y ahí está: tu escudero contra el caos.

    2. En la guantera (si es pequeño)

    Un extintor de 1 kg puede, en algunos modelos, caber en la guantera. Es rápido de acceder, sí, pero ojo con la compartición del vehículo. Si lo usas con más personas, puede acabar entre revistas y cargadores, y entonces, adiós a la eficacia.

    3. El maletero (la última opción)

    Solo si no hay otra alternativa. Eso sí: bien sujeto con cinchas o anclajes. Que no vaya bailando como un cencerro en curva. Porque un extintor suelto a 80 km/h no apaga fuegos, los provoca.

    No es estética: es seguridad

    Y no, no se trata de cómo queda visualmente el extintor. Esto no va de diseño interior. Esto va de que, en caso de accidente, cualquier objeto suelto se transforma en un proyectil. Y un extintor de un kilo puede hacer tanto daño como un ladrillo con mala intención.

    Colocarlo bien es protegerte a ti, a tus pasajeros y al resto de la vía. Y eso, digámoslo claro, es más importante que el ambientador de vainilla.

    Qué dice la normativa española

    En este punto, conviene aclarar que no es obligatorio llevar extintor en turismos particulares, pero sí en vehículos destinados al transporte de mercancías, escolares y otros vehículos especiales. ¿Y qué pasa con los que no estamos obligados? Que deberíamos llevarlo igual. Por pura lógica. Porque el fuego no distingue entre utilitarios y furgonetas.

    La ley exige que sean de tipo ABC, capaces de apagar fuegos sólidos, líquidos inflamables y eléctricos. Para coches particulares, el recomendado es de 1 kg, y siempre con homologación europea. No vale cualquier cosa comprada por internet sin garantías.

    Cosas que debes hacer si ya llevas un extintor

    1. Comprueba la presión

    Ese relojito redondo que lleva en la parte superior, el manómetro, no está de adorno. Tiene que marcar en verde. Si no, es como llevar una pistola sin balas.

    2. Revisa la caducidad

    Sí, también caducan. Igual que el yogur y las buenas intenciones. Así que mira la fecha y cámbialo cuando toque.

    3. Ensaya su uso

    Literalmente. Haz una prueba en seco. Simula que estás en un apuro y cronometra cuánto tardas en sacarlo y usarlo. Si pasas de cinco segundos, no está bien ubicado.

    4. Protéjalo del calor

    No lo dejes al sol, ni cerca del motor, ni en zonas donde pueda sobrecalentarse. El calor es el peor enemigo de un extintor en reposo.

    ¿Y qué pasa si tengo un coche eléctrico?

    Ay, amigo, ahí cambia el cuento. Porque los incendios de baterías de ion-litio no se apagan con cualquier cosa. Se necesita un extintor especializado, con agentes que puedan combatir este tipo de fuego sin generar más problemas. Si tienes un eléctrico, consulta qué modelo te conviene y no improvises.

    Extintor en el coche: sentido común con ruedas

    Llevar un extintor en el coche no es paranoia. No es una manía ni una extravagancia de fanático de la seguridad. Es una inversión mínima con un potencial enorme. Puede salvarte la vida, el coche, el día.

    Colócalo bien. Cuídalo. Míralo de vez en cuando. Enséñalo a quienes viajan contigo. Y sobre todo, tenlo siempre presente. Porque cuando el fuego llama, no espera a que tú rebusques.

    Y cuando vayas por la carretera, con tu playlist favorita y el aire acondicionado justo, hazte una pregunta sencilla: ¿dónde tengo el extintor? Si la respuesta es clara, enhorabuena. Si dudas… ya estás tardando en resolverlo.



  • Laura R. el martes 5 de agosto de 2025, 23:22 hs

    ¿Qué quiere decir ignífugo y por qué es crucial en la protección contra incendios?

    ¿Qué quiere decir ignífugo y por qué es crucial en la protección contra incendios?

    El fuego no avisa, y los materiales ignífugos tampoco deberían necesitar presentación

    Amanece en cualquier rincón de España y, mientras uno se toma el primer café, pasa de largo por detalles invisibles, esenciales. Como los materiales ignífugos. Que no lucen, no hacen ruido, no venden portadas, pero salvan vidas. Y en estos tiempos donde todo arde, saber qué quiere decir ignífugo se convierte en una obligación moral, más que en una curiosidad de sobremesa.

    Ignífugo, sí, esa palabra que suena a laboratorio y a normas europeas, es mucho más que eso. Es la capacidad que tiene un material de resistir el fuego sin propagar las llamas. Ni más ni menos. Es el muro invisible que frena al incendio. El chaleco antibalas frente a las brasas. No se trata de que no se queme jamás, sino de que su estructura no favorezca la propagación del infierno.

    ¿Qué materiales pueden considerarse ignífugos?

    Hablamos de tejidos, maderas tratadas, pinturas especiales, espumas, metales con revestimientos protectores… Todo un catálogo que ya querría cualquier cuartel de bomberos en sus paredes. Pero no basta con afirmar que algo es ignífugo. Hay que demostrarlo. Y ahí entramos en terreno técnico, donde el certificado de ignifugación es el pasaporte obligatorio.

    ¿Qué quiere decir ignífugo en la práctica real?

    Volvamos a lo esencial. En un hogar, en una oficina, en un teatro o en una residencia de ancianos, los materiales ignífugos son los que, literalmente, te dan minutos para salir. Segundos valiosos para que el fuego no se convierta en tragedia. Que un sofá, una cortina o un panel no favorezca el avance de las llamas, puede ser la diferencia entre contarlo o no.

    Y que quiere decir ignifugo, en realidad, es esto: seguridad. No sólo una palabra técnica en un manual de construcción. Es un compromiso con la vida, con la previsión, con la responsabilidad civil.

    El papel vital del certificado de ignifugación

    No basta con que un fabricante asegure que su producto es ignífugo. El certificado de ignifugación es el documento oficial que acredita que ese material ha sido sometido a ensayos según normativas específicas, como la UNE-EN 13501-1 en Europa. Sin ese papel, no hay garantías. Y en protección contra incendios, sin garantías, hay negligencia.

    No se trata de llenar archivadores de papeles, sino de contar con un respaldo técnico que permita dormir tranquilos. Ya sea en un local comercial, en un hotel o en una nave industrial. Es ahí donde se marca la diferencia entre cumplir con la normativa y proteger de verdad.

    Una guía desde el blog de protección contra incendios

    Como buenos periodistas de la seguridad, abrimos los ojos y los oídos. Consultamos con ingenieros, con responsables de prevención de riesgos, con inspectores que caminan entre cables y paneles revisando que todo esté como debe. Y, por eso, este blog de protección contra incendios no es uno más. Es una plataforma desde donde informamos, advertimos y orientamos.

    Hay que entender que el fuego no espera. No pide permiso. Y no distingue entre ignorancia o conocimiento. Por eso, difundir una cultura de prevención basada en materiales ignífugos certificados es una misión vital. Sin alarmismos, pero con rigor.

    Normativas que mandan y protegen

    Las leyes europeas no están ahí por capricho. Exigen clasificaciones precisas de comportamiento ante el fuego. Por ejemplo, un material clase A1 es prácticamente incombustible, mientras que uno de clase F no ofrece ninguna resistencia. Así de claro. Y esto aplica desde el aislamiento de una fachada hasta las moquetas de un hotel.

    Lo ignoramos, pero en cada paso que damos, hay materiales que nos están protegiendo. O no. Y ahí es donde entran los profesionales del sector, que deben exigir pruebas, certificados y mantener los productos en condiciones óptimas. Porque sí, el fuego también se alimenta de despistes.

    ¿Quién debe exigir materiales ignífugos?

    Todos. Desde el propietario de un bar hasta el director de una residencia, pasando por arquitectos, decoradores, promotores, jefes de obra, técnicos de prevención… La cadena es larga, pero cada eslabón importa.

    Hoy en día, con tanta reforma exprés y soluciones de bajo coste, el riesgo de introducir materiales combustibles no certificados aumenta exponencialmente. Y eso es jugar con fuego, en el sentido más literal.

    La estética no está reñida con la seguridad

    A menudo, el argumento en contra es la estética. Que si el material ignífugo es más tosco, más caro o menos bonito. Falso. Hoy existen soluciones ignífugas con acabados espectaculares. Desde telas decorativas hasta paneles de diseño, todo cumpliendo las normas más exigentes. Así que no hay excusas. Solo falta información y voluntad.

    Ignifugación en mobiliario: el gran olvidado

    Pocas veces se piensa que el sofá, el cabecero de una cama o el relleno de una silla pueden ser los primeros en arder. Y sin embargo, son los materiales que más rápidamente alimentan un incendio si no han sido tratados correctamente. Por eso, cada mueble, cada textil que entra a un espacio público o privado, debe ser revisado.

    Y ojo con los tratamientos temporales. Existen soluciones ignífugas que requieren reaplicaciones periódicas. No es “rociar una vez y listo”. Es seguir un protocolo. Porque proteger no es un gesto puntual, sino un compromiso continuo.

    Un mensaje final con olor a café y responsabilidad

    Desde esta tribuna, al estilo de quien no se calla lo evidente, dejamos clara una cosa: la prevención contra incendios no es un lujo ni una opción. Es una obligación ética, legal y social. Y comienza, entre otras cosas, por comprender bien qué quiere decir ignífugo, exigir el correspondiente certificado de ignifugación, consultar fuentes fiables como este blog de protección contra incendios y no dejar cabos sueltos.

    El fuego no espera, y nosotros tampoco deberíamos hacerlo.



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