Las empresas de licencias de apertura y actividad se encargan de las aperturas de negocios, confeccionando los proyectos técnicos requeridos.
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En Colombia, donde la tramitología se pasea oronda y la improvisación reina cuando no debería, hablar de incendios no es cuestión de si, sino de cuándo. Porque sí, el fuego no avisa. Y cuando aparece, suele hacerlo sin sutilezas. Es entonces cuando uno entiende, tarde y mal, que no basta con rezar ni con el balde de agua del portero. Hace falta un extintor. Uno bueno. Uno a tiempo.
Pero ojo, no todo lo que pinta rojo apaga fuegos. Los extintores tienen apellido, carácter y misión. No son de adorno. Por eso, vamos a entrarle al tema con la seriedad que merece. Porque aquí no hablamos de decoración, hablamos de salvar vidas y proteger patrimonios.
La ley no es caprichosa, al menos no siempre. En materia de incendios, Colombia ha puesto las barbas en remojo, y ha dicho: aquí se cumple con la NTC 2885 y el NSR-10, o se asume la consecuencia. No es un asunto negociable.
La NTC 2885, ese mamotreto que pocos leen pero todos deberían conocer, es clara: el extintor debe estar bien instalado, señalizado, inspeccionado, recargado y, sobre todo, funcional. La recarga no se deja para mañana. El manómetro no es decoración. Y la ubicación no es cuestión de estética.
Y no lo decimos nosotros, lo dice el Código Colombiano de Construcción Sismo Resistente (NSR-10), que, más allá de los planos y vigas, le mete diente a la seguridad contra incendios. Porque un edificio sin extintores es como un carro sin frenos.
En cuanto a los tipos de extintores colombia, digamos que aquí viene lo bueno. Porque no hay nada peor que usar el extintor equivocado y después preguntarse por qué no sirvió. Vamos por partes.
El más visto, el más versátil, el más necesario. Polvo químico seco que apaga madera, gasolina y electricidad sin pedir permiso. Sirve para fuegos Clase A, B y C. Es el que debería estar en toda casa, oficina y esquina del país. Pero no basta con tenerlo. Hay que saber usarlo y mantenerlo.
No deja residuos. No moja. No daña circuitos. Es el guardián perfecto para cuartos eléctricos, laboratorios y salas de servidores. Eso sí, no lo use en espacios cerrados sin ventilación o acabará usted más apagado que el fuego.
Su especialidad: los líquidos inflamables. Gasolina, aceites, solventes. Este no discute, actúa. Crea una capa aislante que sofoca y previene la reignición. Ideal para estaciones de servicio, hangares y fábricas.
Aptos para fuegos sólidos: papel, cartón, madera, textiles. Pero cuidado: ni se le ocurra usarlo en incendios eléctricos o con líquidos inflamables. El agua no perdona errores.
No todo el mundo los necesita, pero quien los necesita, los necesita ya. Pensados para fuegos de Clase D, donde el magnesio, sodio o aluminio en polvo arden con furia. Usar otro tipo de extintor ahí es como echarle gasolina al problema.
Nada peor que un extintor detrás de un perchero o bajo llave. La normativa es clara:
Altura entre 80 cm y 1.50 metros.
Visible y señalizado.
Inspección mensual.
Mantenimiento anual obligatorio.
Recarga inmediata tras el uso.
Porque un extintor descargado es como un paraguas roto en medio del aguacero. Mucho postureo y cero utilidad.
No basta con tenerlo. Hay que saber manejarlo. En emergencias, los nervios mandan, y por eso existe la regla PAS:
P: Pin fuera. Saque el seguro.
A: Apunte a la base del fuego.
S: Sujete firme y presione.
S: Siga con un barrido lateral.
Todo esto, mientras mantiene la vía de escape a la vista. Porque si el fuego no cede, lo primero es salir. Heroísmo barato no apaga incendios.
En un país donde lo pirata abunda, comprar extintores no es cosa menor. La venta de extintores debe hacerse a través de distribuidores autorizados, con certificaciones y garantía.
Nada de comprarlos en una esquina con la etiqueta mal pegada. Un extintor mal fabricado es peor que no tener ninguno. Y cuidado con los “recargadores” informales: muchos rellenan con lo que sea. Usted cree que está protegido y lo que tiene es un tubo de aire.
Tener extintores no sirve de nada si nadie sabe usarlos. Cada empresa, edificio o conjunto residencial debería tener personal capacitado. Simulacros, entrenamientos, carteles informativos. Lo básico.
Pero, como buenos latinos, dejamos todo para el último. Hasta que el humo nos recuerde que la prevención no es lujo, es necesidad.
La expresión "tipos de extintores Colombia" no debería aparecer solo en los buscadores cuando algo arde. Debería ser parte de nuestras decisiones conscientes, de nuestra cultura preventiva. Porque el fuego no discrimina. Quema igual en estrato uno o en cinco estrellas.
Comprar el extintor correcto, instalarlo con criterio, mantenerlo cargado y saber usarlo es tan esencial como cerrar la puerta con llave. No es paranoia, es sentido común.
En resumen, la venta de extintores en Colombia no es un negocio más. Es una responsabilidad, un deber cívico, una herramienta de vida. No se trata de cumplir con la norma para evitar sanciones. Se trata de evitar tragedias.
Porque cuando las llamas llegan, solo hay dos tipos de personas: las que se prepararon, y las que lamentan no haberlo hecho.