Todas las actividades realizadas en el 2008-2009 en el centro ,quedan reflejadas en esta galería de fotos, donde podrás encontrar esos momentos especiales que nuestro alumnado ha disfrutado en nuestro centro o fuera de él en actividades complementarias.
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FOMENTO A LA LECTURA |
Cuando un inspector accede a un establecimiento hotelero, el recorrido no queda al criterio de la improvisación. La revisión sigue una secuencia que combina documentación, instalaciones, recorridos de evacuación y condiciones de cada zona. Recepción, habitaciones, cocina, lavandería, sala de calderas o aparcamiento presentan exigencias diferentes y, por tanto, también distintos puntos de comprobación.
El marco principal parte del CTE DB-SI, que considera los hoteles como establecimientos de uso Residencial Público. A ello se suma el RIPCI, regulado por el Real Decreto 513/2017, para las instalaciones y su mantenimiento. Las modificaciones introducidas por el RD 164/2025 afectan tanto al DB-SI como al régimen de inspecciones y resultan de aplicación obligatoria desde el 10 de noviembre de 2025.
La primera comprobación puede producirse incluso antes de entrar en una habitación o descender al garaje. El responsable de la inspección puede solicitar los documentos que acreditan el mantenimiento de las instalaciones de protección contra incendios y comprobar que las actuaciones están correctamente registradas.
Entre la documentación que puede requerirse figuran los certificados de las revisiones anuales, las actas correspondientes a las comprobaciones trimestrales, la documentación de la inspección periódica realizada por un organismo de control y el plan de autoprotección cuando resulte exigible según la normativa aplicable.
También se revisa que la empresa encargada de las operaciones que requieren habilitación esté correctamente inscrita en el registro correspondiente. Una documentación antigua, incompleta o que no refleje las modificaciones realizadas en el establecimiento puede convertirse en una de las primeras incidencias detectadas.
El RD 164/2025 introdujo además cambios en la inspección periódica prevista en el artículo 22 del RIPCI. Los establecimientos cuyas instalaciones se reduzcan a determinados equipos portátiles y alumbrado de emergencia pueden quedar exentos de esa inspección por organismo de control, mientras que un hotel que disponga de BIE, detección u otros sistemas de extinción no queda incluido en esa exención.
La recepción suele concentrar varios elementos relevantes: central de detección, pulsadores, señalización, medios de primera intervención y, en algunos establecimientos, equipos informáticos y armarios de comunicaciones.
La dotación general prevista por el DB-SI contempla equipos con eficacia mínima 21A-113B, distribuidos de manera que el recorrido desde cualquier origen de evacuación hasta uno de ellos no supere los 15 metros en cada planta. La distancia debe analizarse sobre el recorrido real, no mediante una medición directa en línea recta sobre el plano.
En esta zona también se comprueba que la parte superior del equipo quede instalada entre 80 y 120 centímetros sobre el suelo, conforme al RIPCI. La señalización debe permanecer visible y reunir las características correspondientes de tamaño, distancia de observación y comportamiento fotoluminiscente.
La central de detección debe encontrarse operativa y sin averías activas prolongadas. Los pulsadores tienen que ser accesibles y estar correctamente identificados, mientras que el alumbrado de emergencia debe conservar sus condiciones de funcionamiento.
En los puntos donde existen armarios de comunicaciones o equipamiento electrónico, puede resultar adecuado disponer de unextintorde co2, siempre como complemento y sin sustituir la dotación reglamentaria exigida por el edificio.
Los recorridos de evacuación concentran una parte esencial de la inspección. En un hotel, cualquier reducción del ancho útil de un pasillo puede afectar directamente a la salida de las personas alojadas.
El inspector comprueba que no existan carros de limpieza, equipajes, mobiliario auxiliar u otros objetos que invadan el recorrido. También presta atención a las puertas cortafuegos, verificando que permanezcan cerradas cuando corresponda o que sus retenedores estén conectados al sistema previsto.
Otro punto habitual es la señalización de las salidas. Debe poder identificarse el recorrido incluso cuando falla el alumbrado ordinario. Las características de las paredes, techos y suelos de los recorridos protegidos también pueden ser objeto de comprobación cuando una reforma haya incorporado nuevos revestimientos o moquetas.
Las puertas de salida deben disponer del sentido de apertura y los herrajes adecuados según las condiciones de evacuación. Una puerta cerrada con llave o bloqueada para impedir el paso constituye una anomalía especialmente relevante.
Las habitaciones tienen requisitos específicos dentro del uso residencial público. Cuando el establecimiento supera los 500 m² construidos, las puertas de las habitaciones deben reunir, en las condiciones establecidas por el DB-SI, una determinada resistencia al fuego y capacidad de cierre.
La referencia indicada para estos casos es EI2 30-C5, por lo que el inspector puede revisar tanto las características de la puerta como el funcionamiento del mecanismo de cierre automático. Un cierrapuertas desmontado, averiado o regulado para evitar que la hoja se cierre correctamente puede generar una no conformidad.
También se comprueba la instalación de detección cuando resulta obligatoria por superficie y proyecto. Los detectores no deben estar pintados, cubiertos o inutilizados durante trabajos de mantenimiento de las habitaciones.
La alarma requiere una atención específica en los alojamientos accesibles, donde puede ser necesaria una señal visual además de la acústica. Asimismo, los planos de evacuación situados en el interior de las habitaciones deben corresponder con la distribución real del establecimiento.
La cocina hotelera presenta uno de los controles más específicos del recorrido. Para el uso Residencial Público, el umbral establecido para la instalación automática de extinción se sitúa en 20 kW de potencia instalada, una cifra inferior a la contemplada para otros usos.
El cálculo no consiste simplemente en sumar la potencia eléctrica indicada en las placas de los equipos. Se consideran los aparatos destinados directamente a la preparación de alimentos que puedan provocar ignición. Además, las freidoras y sartenes basculantes computan a razón de 1 kW por litro de capacidad, con independencia de su potencia eléctrica real.
Así, una freidora doble de 15 litros representa por sí sola 30 kW a efectos del cálculo indicado. Lavavajillas, frigoríficos, calientaplatos y campanas no forman parte de ese cómputo.
Cuando se superan los 20 kW, la clasificación del local y las exigencias asociadas aumentan progresivamente. El sistema automático debe cubrir los aparatos correspondientes y tener en cuenta el funcionamiento de la extracción de humos.
La comprobación no termina con verificar que existe una instalación automática. También se analiza su funcionamiento conjunto con los equipos de la cocina.
Uno de los puntos fundamentales es el enclavamiento con el suministro de gas o la alimentación de los aparatos, de forma que la activación del sistema produzca las actuaciones previstas. También debe considerarse la interacción con la extracción de humos.
En la cocina se puede comprobar además la existencia de un equipo de clase F adecuado para el riesgo asociado a aceites y grasas, así como su ubicación. El DB-SI contempla igualmente condiciones sobre la colocación de medios de primera intervención en el exterior del local y sobre las distancias máximas de recorrido.
Los registros de limpieza de campanas, filtros y conductos forman otra pieza relevante. La acumulación de grasa en estas instalaciones puede revelar deficiencias de mantenimiento que el inspector puede documentar junto con el resto de las incidencias.
Las lavanderías y determinados offices pueden quedar clasificados como locales de riesgo especial atendiendo a su superficie. El DB-SI establece diferentes niveles en función de las dimensiones: riesgo bajo entre 20 y 100 m², medio entre 100 y 200 m² y alto cuando se superan los 200 m².
La superficie adquiere especial importancia cuando el establecimiento ha sufrido ampliaciones. Una modificación que incremente los metros cuadrados puede cambiar la clasificación del recinto y exigir revisar la compartimentación y las características de sus accesos.
El inspector puede comprobar las puertas correspondientes, los recorridos interiores, la ubicación de los medios de primera intervención y las condiciones de almacenamiento. También puede revisar los filtros y conductos de las secadoras, especialmente cuando existen acumulaciones de pelusa.
Los productos químicos deben conservarse de acuerdo con las indicaciones de sus fichas de seguridad y mantenerse separados de fuentes potenciales de ignición, cuadros eléctricos o maquinaria que genere calor.
La sala de calderas se clasifica según la potencia útil nominal de los equipos instalados. El DB-SI establece diferentes categorías entre 70 y 200 kW, entre 200 y 600 kW y por encima de 600 kW.
Una sustitución de calderas puede modificar esta clasificación, por lo que el inspector puede contrastar la potencia instalada con la documentación disponible.
Existe además una particularidad en la ubicación de los medios de primera intervención: cuando se exige un equipo asociado a la sala, debe situarse fuera y próximo a la puerta de acceso, evitando que sea necesario penetrar en un recinto afectado para localizarlo.
La revisión puede extenderse al sistema de corte de combustible, su señalización, las condiciones de ventilación y la detección de gas cuando proceda. También se comprueba que la sala conserve su uso previsto y no se haya transformado en un almacén improvisado de mobiliario, pinturas u otros materiales.
El aparcamiento dispone de condiciones específicas y, cuando corresponde, puede constituir un sector de incendio independiente. Si supera los 500 m² construidos, el DB-SI contempla la instalación de BIE y detección en los supuestos establecidos.
Las BIE deben permanecer accesibles, con el armario libre de vehículos, carros u objetos que impidan su apertura o utilización. También se revisa la columna seca cuando el edificio reúne las condiciones de altura indicadas por la normativa.
En aparcamientos que no tienen consideración de abiertos, el control de humos constituye otro punto de interés. Los ventiladores, sistemas de extracción y mecanismos de arranque deben conservar sus condiciones de funcionamiento.
La inspección puede alcanzar igualmente a trasteros o almacenes improvisados en plantas subterráneas. El uso real de esos espacios debe coincidir con la clasificación y las condiciones contempladas en la documentación del establecimiento.
El mantenimiento se organiza mediante distintas periodicidades y no todas las actuaciones pueden ser realizadas por la misma persona o entidad. Las comprobaciones trimestrales pueden ser efectuadas por el titular o por una empresa habilitada, siempre que se documenten adecuadamente.
Las actuaciones anuales que requieren intervención de una empresa mantenedora habilitada deben quedar respaldadas por el correspondiente certificado. Cada cinco años se realiza el retimbrado, entendido como la prueba de presión prevista para determinados equipos, y no como una simple recarga.
La inspección periódica por organismo de control se realiza con carácter general cada diez años cuando resulta exigible. La solicitud corresponde al titular de la instalación.
El calendario también contempla la retirada de los equipos portátiles cuando alcanzan los 20 años, después de los retimbrados establecidos. Por ello, una etiqueta aparentemente correcta puede revelar una antigüedad incompatible con su permanencia en servicio.
Entre las incidencias que pueden aparecer durante una inspección destacan varias especialmente fáciles de identificar: colocar extintoresa 1,70 metros, mantenerlos directamente sobre el suelo, disponer de una cocina que supera los 20 kW sin el sistema automático correspondiente o permitir que una puerta cortafuegos permanezca bloqueada mediante una cuña.
También pueden detectarse BIE inaccesibles, señalización cubierta por decoración, ausencia de actas trimestrales y equipos cuyo retimbrado haya superado el plazo establecido.
La ubicación es tan relevante como la existencia del equipo. Un medio instalado detrás de un mueble, bloqueado por un vehículo o colocado en una posición que dificulte su utilización puede dejar de cumplir la función exigida aunque físicamente continúe en el establecimiento.
El recorrido completo permite comprobar que la seguridad de un hotel no depende de un único elemento. El inspector cruza la información documental con el estado físico de las instalaciones y presta atención a cualquier modificación que haya alterado la distribución original.
Una reforma de habitaciones, una ampliación de la cocina, una nueva sala técnica o un cambio en el aparcamiento pueden afectar a las condiciones que figuraban en el proyecto inicial. Por eso, la correspondencia entre lo proyectado, lo instalado y lo mantenido constituye uno de los puntos esenciales de la revisión.
La inspección tampoco se limita a los equipos visibles. Puertas, recorridos, compartimentación, sistemas automáticos, detección, señalización, extracción de humos y documentación forman parte de una misma revisión global.
Una vez completada la visita, las incidencias quedan asociadas a zonas concretas y a requisitos determinados. La revisión permite distinguir entre deficiencias documentales, problemas de accesibilidad, fallos de mantenimiento y modificaciones que requieren actualizar la documentación del establecimiento.
El resultado final depende de que cada instalación conserve las condiciones exigidas y de que las actuaciones realizadas a lo largo del tiempo estén correctamente acreditadas. En un hotel, una puerta, un recorrido, una central o una cocina pueden convertirse en puntos decisivos dentro de una inspección que analiza el edificio de forma integral.